Escritor y periodista. Crítico literario en Planeta Radio (Sarandí 690 AM, Montevideo, Uruguay), revista Caras y Caretas y revista Dossier. Ha publicado poesía, novela y biografía. Sus últimos libros son Liturgia urbana, Rigor mortis, El oficio de contar (con ilustraciones de Hemenegildo “Menchi” Sabat, Ed. Alfaguara), El oficio de narrar (Alfaguara), Corporación Medusa y Memorias de un trovador. Conversaciones con Darnauchans (Ed. Planeta).
Friday, May 03, 2013
Thursday, January 31, 2013
Tuesday, January 22, 2013
El sentido de un final, de Julian Barnes
Monday, January 07, 2013
Publicada
originalmente en 1955, Las
crisálidas
se convirtió en un clásico de la ciencia ficción (o “novela de
anticipación” como suele llamársele) y elevó al escritor
británico John Wyndhan a la categoría de autor de culto. La nueva
edición -publicada por
New York Review Books Classics- permite
entonces acercarse a una historia que más de medio siglo después de
haber sido escrita mantiene plena vigencia.Friday, January 04, 2013
La
irrupción de la trilogía Millennium
del sueco Stieg Larsson abrió las compuertas para una nueva vuelta
de tuerca a la novela policial. Es cierto que su compatriota Henning
Mankell es infinitamente más sólido y talentoso pero, vaya una
saber por qué, su personaje, el inspector Wallander, quedó
circunscrito, con honores, a los amantes del género. En cambio,
Larsson creó un personaje (Mikael Blomkvist) que escapa en cierta
medida a los arquetipos del género.
Thursday, December 27, 2012
El otro Auster
Friday, December 14, 2012
Friday, November 30, 2012
Nuevo y polémico libro de Santiago Roncagliolo
Thursday, November 19, 2009
La muerte le sienta bien
Libros Edgar Allan Poe (1809-1849)
La muerte le sienta bien
A doscientos años de su nacimiento, el 19 de enero de 1809, se suceden varias reediciones y nuevas biografías, en busca de arrojar luz sobre la vida y los misterios que aún rodean la muerte -ocurrida el 7 de octubre de 1849- del notable escritor norteamericano.
Era de esperar que al conmemorarse dos siglos del nacimiento del autor de El cuervo, varias reediciones, nuevas antologías y biografías varias inundarían las bateas. Dentro de estas últimas se encuentra Una vida truncada, del inglés Peter Ackroyd, editada por Edhasa. Ackord retoma uno de los enigmas más grandes de la literatura: la muerte de Poe. De hecho, nadie sabe qué le sucedió al poeta desde que desembarcó en su ciudad natal, Baltimore, hasta que lo vieron en un a taberna en avanzado etílico. Luego, su cadáver apareció en una cuneta. ¿Delirium tremens? ¿Venganza en épocas de elecciones en Estados Unidos? (Su muerte coincidió con los comicios nacionales). Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que pasó. Tampoco queda en claro por qué Poe decidió ir a Baltimore cuando es sus últimas cartas afirmaba que tomaría otro rumbo y no pisaría esa ciudad. Nadie sabe entonces qué motivos lo llevaron a cambiar de derrotero en los últimos días.
El final del autor de El tonel del amontilado se parece al final de algunos de sus tantos personajes. Podría decirse entonces que su vida es un caso para Auguste Dupin, el personaje que creó y que inspiró, entre otros, al Sherlock Holmes de Conan Doyle, o al Maigret de Simenon. Pero éste no es el único misterio que rodeó la vida y la obra de Poe. Consciente de esto, Ackroyd reconstruye de forma minuciosa la trayectoria de un genio que nació marcado –al igual que H.P. Lovecraft- por una difícil y tormentosa relación con las mujeres y una atracción irresistible hacia algunos temas que marcaron no sólo su obra creativa sino también su modo de enfrentarse a la vida.
Otras reediciones
El otro volumen que se puede encontrar en Montevideo es la reedición de La sombra de Poe, de Matthew Pearl (Seix Barral), que bucea también es sus últimos años. Si bien es una novela, está basada en fechas y hechos reales. Del “combo Poe”, este es el volumen más flojo. Pearl, autor de de El Club Dante, estructura la obra en formato best seller, desperdiciando la oportunidad de adentrarse en la psiquis del gran escritor y haciendo meramente foco en su muerte.
Pero además de las antologías con cuentos memorables -en librerías de viejo se encuentran a un precio por demás accesible- se acaba de editar Cuentos completos, un completísimo volumen de casi mil páginas con la excelente traducción al español de Julio Cortázar que, a juicio de quien escribe, es la mejor a la fecha.
El otro volumen no deja de ser una joyita. Se titula La trilogía Dupin, con prólogo de Pearl reúne las tres historias de Dupin. Hace 168 años —más precisamente en abril de 1841— la revista Grahams´s Magazine, de Filadelfia, publicaba The Murders in the Rue Morgue (Los crímenes de la calle Morgue) relato que tenía como protagonista a Charles Auguste Dupin, un francés de origen ilustre, apremiado económicamente, poseedor de una gran imaginación y, sobre todo, con una mente proclive a la investigación lógica y analítica. Esta narración de Poe se transformaría en el primer relato de detectives de la historia de la literatura e inspiraría, entre otros, a Arthur Conan Doyle para la creación de Sherlock Holmes.
Pasarían dos años para la rentrèe de Dupin. El segundo relato se llama The Mystery of Marie Roêt (El misterio de Marie Roêt) y conocido como La continuación de los crímenes de la calle Morgue. Esta vez, Poe se vale de un hecho verídico: el asesinato de Mary Cecilia Rogers, cuyo cuerpo se encontró en las cercanías de Nueva York. Allí se narra la desaparición de una grisette parisiense, un domingo de mañana, cuando se encaminaba hacia la casa de su tía. Al igual que en Los crímenes..., Dupin se vale de las crónicas de varios diarios -L´Étoile, Le Commerciel y Le Soleil- para aclarar el crimen. Según Matthew Pear, Poe utilizó los artículos de prensa de los diarios neoyorquinos y los extrapoló a diarios parisienses. Pero hay algo que no deja de sorprender. El relato fue publicado en noviembre de 1842, cuando el asesinato ocurrido en Nueva York aún no se había aclarado. Cuando el crimen verdadero se resolvió, las conclusiones de la policía eran casi similares a las del personaje.
La tercera y última aventura de Dupin es The purloined letter (La carta robada), el relato más breve de la saga, y escrito en 1844. El prefecto de la Policía de París irrumpe en un momento de spleen de Dupin y su amigo en busca de ayuda. Se trata del robo de una carta por parte del “ministro D...” que en manos inescrupulosas pondrían en juego el honor de un personaje de las altas esferas políticas de París.
La Policía, literalmente, da vuelta la casa del ladrón, examinando todos los cuartos, muebles, cajones y cada libro de la biblioteca, sin resultado positivo alguno. Dupin escucha atentamente a su interlocutor y tras varias preguntas, le asegura que si le firma un cheque por concepto de sus honorarios le entregará la carta. Ante la sorpresa de su amigo, el detective, sin inmutarse, le explica su método de análisis. Lejos de atribuirlo al azar, el detective sostiene que el método consiste en la identificación del intelecto del razonador con el de su oponente.
Friday, September 12, 2008
CON DIEGO CAPUSOTTO
Nelson Díaz, enviado a Buenos Aires, publicado en la revista Caras y Caretas de Uruguay.
La cita está pactada a las 15 horas en Barracas, barrio donde Capusotto vive junto a su esposa y sus dos hijas. El lugar elegido es El Progreso, un antiguo bodegón, típicamente porteño, donde el actor es habitué.
Capusotto llega unos minutos antes de la hora coordinada y pide un café. Viste zapatillas, un jean y un buzo de color claro (me animaría a afirmar que es el mismo pulóver que llevó a la entrega de los Martín Fierro, cuando recibió dos estatuillas: a mejor programa humorístico y a mejor labor humorística masculina). No tiene nada de actor star. Por el contrario, parece un hombre que salió a dar una vuelta por el barrio o a comprar los comestibles que hacen falta para cocinar.
Ícono del under porteño desde finales de los 80, junto a Alfredo Casero y Fabio Alberti llevaron adelante Cha, cha, cha, que se transformaría en programa de culto para sus seguidores. Junto a Alberti crearía otra criatura de culto de la televisión: Todo por dos pesos. Ahora, con Peter y sus videos (canal 7) repite el plato. La galería de personajes imaginados junto a Pedro Saborido, como Juan Carlos Pelotudo, el rock star Pomelo, el accidentado cantante Beto Quantró, el de protesta sesentero Bombita Rodríguez, el de heavy metal Quiste Sebáceo que sisea, o el emo cuya vida es una crisis existencial continua, son algunas de sus creaciones que no descansan en youtube.com. Y que, como era de esperar, no se emiten en Uruguay.
Con ustedes, Diego Capusotto.
–Tus trabajos en televisión mantienen la impronta under. ¿Cómo se logra defender esa independencia en un medio tan masivo?
–Comencé con un curso de teatro convencional en el 86. En esa época empecé a armar con otra gente cosas relacionadas al humor y trabajaba en los espacios que uno mismo iba buscando, en los pocos espacios que había para poder expresarse. Y eran espacios que no estaban ligados al circuito comercial, obviamente. Después de cinco años apareció la televisión con De la cabeza y Cha, cha, cha. Eso empezó en el 92 a partir de una idea de Roberto Chenderelli, que se le ocurrió hacer un programa de humor con gente que venía de esos espacios y que no era conocida en los medios, salvo algunos, como Daniel Araoz o Roberto Pettinato, que ya eran más conocidos. Después se hace toda una bola y aparece Cha, cha, cha.
–Y Todo por dos pesos.
–Exacto, empezamos a tener un trabajo más cercano a los medios pero siempre haciendo cosas vinculadas a ideas propias. Quiero decir, programas donde uno se sienta y los arma, independientemente de que estés en un medio donde hay un productor, donde tenés que negociar y ese tipo de cosas que son siempre molestas pero que en definitiva es parte del negocio. Pero la idea, el concepto del programa, siempre fue de parte nuestra. Siempre con una cabeza de grupo.
–Tu humor y el de la barra a la que referís campea entre el absurdo y el surrealismo. Infiero a Buster Keaton como uno de los referentes.
–(Se ríe) A Buster Keaton lo tengo como un gran referente casi poético. No porque quiera ser como él porque sería un imposible, sino como una figura con la cual uno proyecta un espacio afectivo y poético entre lo que él hace y lo que uno observa de él. Es parte de mi referente como otra gran cantidad de humoristas. Me parece que el humor, de alguna manera, siempre es absurdo. Porque muchas veces es absurdo lo cotidiano. Lo que hago es transformar lo cotidiano y la realidad en otra cosa que uno se inventa. El humor es una manera de desvirtuar la realidad. Y el humor desacraliza, está en contra de los poderes y los dogmas.
TRANSFORMAR LA REALIDAD
–El tuyo es corrosivo, algo que no sucede con otro tipo de humor.
–Claro, hay un humor más básico, donde se sabe de antemano lo que va a pasar. Esto no es una transformación de la realidad. Es como tomar lo más básico y burdo de la realidad. Ése es el humor de guiño entre un tipo y otro haciendo referencia al culo que tiene esa mina, que está puesta como una especie de maniquí para que circule una especie de humor más primario entre tipos. Esa cosa de hacerse el piola. No es un humor que nosotros practiquemos, aunque mucha gente se ría de eso. Estoy de acuerdo con lo que decís: estoy vinculado al humor corrosivo, porque hay una parte del humor que mira la realidad, no le gusta lo que ve y se burla de eso. Y ese burlarse es una manera de tener un sustento ideológico sobre lo que pasa y sobre lo que nos rodea. También es parte de un juego casi infantil de disfrazarse, de refugio, de jugar y de huir de lo trágico.
–Lo lúdico está presente en la creación de tus personajes. Se nota que antes que el público, el que te divertís sos vos. ¿Cómo nacen los personajes?
–En general, a partir de lo que uno ve cotidianamente. Lo que hago es transformar ese personaje y darle otro sentido al que le es habitual en la realidad. En el caso de lo que hacemos con Pedro hay personajes que forman parte del folclore del rock, ciertos íconos y conductas, ciertos personajotes que andan por el rock circulando y que, de alguna manera, uno los parodia. Después también nos nutrimos de situaciones tomadas del folclorismo que uno las exacerba y las coloca en otro lugar. Es como el caso de este cantante al que nosotros le decimos “el uruguayo” porque me salió esa cosa del tipo que habla “vo, vo”... El tipo le pide a Dios que la gente le pida otra y de golpe el público empieza a pedirle otra, y otra y otra... Y pasan los años, la gente continúa pidiéndole otra y el tipo termina envejeciendo y maldiciendo su suerte. De alguna manera, siempre son situaciones referenciales al mundo de la realidad, no a lo real. Lo real puede ser lo que ve por debajo, ¿no? Ésta es una apreciación propia. También esto de la ensoñación, de inventarse un mundo paralelo más feliz donde uno es parte más activa. De lo que pasa con el inconsciente y lo que hacían los surrealistas.
–Antonin Artaud...
–Lo admiro profundamente. Artaud tenía lecturas sobre lo que veía que a veces son similares a las que nosotros podemos tener. Me acuerdo de que en el libro El teatro y el doble él habla de una película de los hermanos Marx y no se queda simplemente en la convención de que es una película de humor y son tres disparatados que hacen reír, sino que hace una lectura de eso que pasa. Y termina siendo una lectura interesante. Es un poco de lo que nosotros venimos hablando. De cómo uno inventa otro mundo paralelo al conoce. Incluso Artaud habla de que el humor es un poco desintegrar lo social. Hay algo anárquico, hay una ruptura en los sentidos, anarquizando las convenciones. En las convenciones entran los buenos modales, la educación, la moral. Cuando se ven esas películas, casi que hay un mundo de ensoñación, porque es ficción lo que estás viendo pero hace un mundo más perfecto. Me pasa cuando veo las películas de los hermanos Marx que pienso que esos personajes me terminan siendo más interesantes en lo ficcional que la realidad. Es un mundo que me gusta más.
–En tus programas se reivindica mucho, a través de los videos, la música de los sesenta y los setenta.
–Claro, pero no tiene que ver con una cuestión inmaculada, tipo “ésa fue la época y todo lo demás no existe”. Fue un período también relacionado a momentos sociales que se vivían en el mundo, que hacían que uno experimentara con sonidos y que la música no estuviese tan conectada a lo comercial, y que los músicos dejaran realmente el alma en esa búsqueda musical. Por eso los discos eran tan distintos y buenos, había tantas bandas... Realmente se componía y había una búsqueda estética, sensible, acompañada de un sustento ideológico que a lo mejor no lo tenés tan claro discursivamente pero sí te acompaña, porque sos un ser sensible y la realidad te rodea. Hoy se ha perdido cierta pasión, hay una especie de aceptación de lo establecido, de lo malo, de la corporación mafiosa...
–Vuelvo a Artaud. Su búsqueda pasaba por la revolución individual antes que la social. ¿Cuánto hay de eso en tu arte?
–Estoy totalmente de acuerdo con lo que decís. Lo que pasa es que también soy sensible a las convulsiones sociales que emocionalmente, y también ideológicamente, te ponen en un lugar. Es decir, no soy un tipo a quien la realidad exceda y que no tome partido por lo que veo que está relacionado a lo político. Tomo partido porque también eso termina teniendo una influencia en el hermano, en el otro. Por eso estoy atento a todos esos movimientos y convulsiones sociales. Todo parte de la esencia humana. Hay que estar atento a lo que pasa afuera. Eso, de alguna manera, dicta una especie de modelo de conducta en la gente. Creo que Artaud sabía que lo dogmático de la política trae siempre malos resultados en definitiva, porque termina siendo la lucha de sectores contra sectores. Él apuntaba a una revolución profunda, porque desde ella probablemente podías prescindir de los voceros políticos. Lo que pasa es que, como suele pasar en la vida, hay pocas cabezas así. Y esas cabezas siempre chocan contra lo establecido.
–Estás en un canal estatal que suele ser, como todos los canales estatales, la cenicienta de la televisión frente a los grandes grupos económicos de emisoras privadas. Sin embargo, tenés una legión de seguidores.
–De alguna manera estamos en un lugar casi romántico. Yo nunca me la creí. Hay un lugar en los medios en el que asumo estar y acepto estar –cosa en que los medios es muy difícil– en la medida en que pueda autogestionarme. Por eso elegimos quedarnos en canal 7 y no irnos al 13, donde nos ofrecen hacer el programa pero siempre desde otro lugar. El 13 nos pone en un lugar de más exposición, también de más plata, de más producción, pero en realidad hay parte de una negociación que hacés en esos canales que yo no tengo ganas de hacer con el programa. Entonces prefiero quedarme en un lugar donde no hay ningún tipo de negociación. El programa, así como es, sale. Entonces como la lucha estúpida del rating no nos toca ni nos pertenece, terminás estando en un lugar privilegiado. Los saludos que nosotros recibimos tienen que ver con gente que ve y realmente le gusta lo que hacemos. Se transforman en nuestros compinches. De alguna manera, uno empieza a sentir que es portavoz de algo. Si yo estuviera en televisión haciendo otra cosa, probablemente los saludos o las referencias que tendría como hombre de los medios serían distintas, ¿entendés? Si me fuera a trabajar a Gran Hermano o a Bailando por un sueño, me saludarían la misma o más cantidad de gente, pero por algo que no es mi proyección. De hecho, nunca lo haría. Estoy en el lugar donde elegí.
Morder el anzuelo
La historia es bellamente extraña y políticamente incorrecta. Dividida en 31 capítulos, campea el absurdo –al mejor estilo del teatro de Alfred Jarris– y tiene como protagonista al doctor Alfred Jones, empleado del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura. El muy reputado investigador de esta disciplina recibe una extraña misión. Su jefe le pide evaluar un proyecto rocambolesco: introducir el salmón en Yemen.
En Los orígenes del Proyecto Salmón en Yemen, capítulo que abre el libro, el científico recibe varios memorandum, faxes y cartas, que informan al protagonista y al lector de qué va el asunto. La idea es original porque da la sensación que ambos (personaje/ lector) se van adentrando de forma simultánea en la trama.
Jones le comenta a Mary –su mujer– el proyecto, y decide desestimarlo por considerarlo totalmente imposible e inaudito. El problema para él, y deleite para nosotros, es que ignora que detrás de tal dislate se encuentran varios personajes peligrosos. Por ejemplo, el poderoso jeque Mohamed ben Zaidi bani Tihama, cuyo verdadero objetivo es exportar la pesca del salmón a las montañas de Yemen. El otro que conspira desde las sombras es Jay Vent, nada más ni nada menos que el primer ministro de Inglaterra, que ambiciona mejorar la imagen de su país en Medio Oriente.
Descacharrante es el capítulo 10, cuando el periodista televisivo Andrew Marr que conduce el programa El show de la política en el canal BBC1, lo entrevista sobre el asunto, al que define como “descabellado”, y el político le responde que su amigo (el jeque) es un hombre visionario y que se trata de una “idea heroica”.
Para disfrute del lector, Torday intercala desde artículos de prensa sobre el proyecto hasta fragmentos del diario personal del doctor Jones, quien describe desde su noche de bodas hasta sus problemas conyugales. Pero resta otra vuelta de tuerca: los miembros de Al Qaeda en Yemen deciden boicotear el proyecto, lo que lleva al pobre Jones a verse involucrado en una intriga política internacional, entre políticos ambiciosos, jeques dueños del oro negro, terroristas esquizofrénicos y el conflicto bélico en Medio Oriente.
La historia representa el mundo de hoy: clase política devaluada, terroristas en pie de guerra, ambición y violencia sin fin.
La pesca... es una novela dotada de un engranaje contundente, una estructura originalísima y un fino y corrosivo humor. Vale la pena morder el anzuelo.
Friday, October 20, 2006
FRAG(MIENTO)
lo que nunca puede tener
cuando todas los cosas
parecen iguales
y en cada ciudad
el séptimo desconocido
sueña un sueño desolado




