Thursday, December 27, 2012

El otro Auster




La publicación en 1996 de La trilogía de Nueva York -integrada por Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada- transformó a Auster en un autor de culto y al libro en lectura de referencia para toda una generación. Algo similar había ocurrido con la obra de Charles Bukowski y la generación precedente. El paralelismo no es casual. Ambos incursionaron en la poesía, pero esta faceta pasó casi desapercibida, sobre todo porque no abundaron las traducciones al respecto. De hecho, la imagen de la carátula del volumen -una puerta semiabierta- oficia de invitación a ingresar en el universo poético del novelista.
Puesta así las cosas Poesía completa, en edición bilingüe, viene a llenar ese vacío para los seguidores del autor de El palacio de la luna pero, nobleza obliga, vale una advertencia preliminar. El volumen es, técnicamente, una edición ampliada de Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979, publicado por Anagrama en 1998. El valor agregado está en el prólogo de Jordi Doce -que además es el traductor, al igual que en Pista...- y en “Notas de un cuaderno de ejercicios”, escrito en 1967.
A Auster se le ha llamado el escritor del azar -los problemas del azar y la identidad han sido el leit motiv de su obra-, basta recordar el comienzo de Ciudad de cristal cuando Quinn recibe una llamada equivocada, pero en su poesía las obsesiones discurren entre la palabra y los muros a derribar a través de ella. Si en La música del azar, los personaje Nashe y Pozzi deben reparar una deudas construyendo un muro, en los siete poemas de la serie “Desapariciones” (1975), Auster parece advertir que la palabra efímera, carente de contenido, tiene en la vida el valor, el peso muerto de una piedra. Piedras-palabras que construirán, a lo largo de la vida, un muro. “Es un muro/ Y el muro es muerte./ Ilegible,/ garabato del descontento,/ en la imagen y post imagen de la vida” escribe en el poema 2, para reforzar la idea más adelante “Y de casa cosa que ha visto/ hablará:/ la cegadora relación de las piedras/ incluso hasta el instante de la muerte,/ aunque no sea más/ que porque habla” (poema 5).
El volumen finaliza con “Notas de un cuaderno de ejercicios”, fechado en 1967. Se trata de una progresión de pensamientos cuyo eje central es el lenguaje y la palabra. Y una sentencia que puede leerse como una declaración de principios del universo austeriano. “La caída del ser humano no es cuestión de pecado, transgresión o bajeza moral. Es cuestión del lenguaje conquistando la experiencia: la caída del mundo en la palabra, la experiencia que desciende del ojo a la boca” (...) Sentirte separado del lenguaje es perder tu propio cuerpo. Cuando las palabras te fallan, te disuelves en una imagen de la nada. Desapareces”.

Poesía completa, de Paul Auster. Editorial Seix Barral, 301 págs., 2012. Distribuye Planeta.

Friday, December 14, 2012

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Con el cineasta Mario Handler


Lobo solitario, cámara en mano



Es uno de los cineastas uruguayos más prolíferos. Reivindica el individualismo y la austeridad técnica a la hora del acto creativo. Se exilió 27 años en Venezuela y su rentrée fue con Aparte, el polémico documental sobre cinco jóvenes marginales de un barrio periférico de Montevideo. Editorial Trilce acaba de publicar Mario Handler. Retrato de un caminante, de Héctor Concari, volumen que atraviesa su vida y su obra. (Publicado en Caras y Caretas, Montevideo, Uruguay, 14 de diciembre de 2012)



La exhibición de Aparte en el 2003 puso a su creador en el ojo de la tormenta. El documental mostraba, sin edulcorantes, la vida de un grupo de jóvenes que vivían en un barrio marginal. Había escenas fuertes de los muchachos consumiendo drogas, sexo y, acaso la más recordada, los cortes que se causó en su brazo un joven internado en la Colonia Berro. Presto, la clase política, autoridades del entonces Instituto Nacional de Menor (Iname) y algunos periodistas cuestionaron los métodos del director. Afirmaban que Handler había pagado exprofeso esas imágenes -él dice que lo obligaron al filmarlas- y (casi) todos se erigieron como guardianes de la moral y las buenas costumbres. “Maten al mensajero”, parecían decir a coro. Un film que, visto en perspectiva, se puede catalogar como de adelantado. Entonces, casi una década atrás, no existía por ejemplo el término “planchas”. Y resulta paradójico que aquellos que entonces señalaban con el dedo a Handler, hoy estigmaticen a los “apartes” (el título de la cinta refiere a “apartheid”) y pidan la baja de la edad de imputabilidad.
Pero la cámara de Handler ha estado desde hace cuatro décadas relacionada a la historia política y social del pasado reciente de Uruguay. Un puñado de títulos, de sus diecinueve películas, justifica esta afirmación. En Carlos, cine-retrato de un caminante en Montevideo, filmada en 1965, narró la historia de Carlos, un “linyera” inmerso en el paisaje cotidiano de Montevideo. La cinta de 31 minutos puede verse como una proto versión de Aparte. Le siguieron Elecciones, en coautoría con Ugo Ulive, donde los jingles de la campañas políticas se superponen unos a otros. Un fresco de aquellos comicios. Luego vendrían Me gustan los estudiantes, 1969: El problema de la carne y Líber Arce, liberarse, sobre el asesinato del joven militante comunista y estudiante de odontología, a manos de la Policía. Títulos que emergen como un tríptico de una época urgente, signada por al violencia y la represión. Se integró al Movimiento de Liberación Nacional a través de Mauricio Rosencof y fue el encargado (y elegido por al dirección del MLN) para ingresar a la Cárcel del Pueblo donde filó a los prisioneros Geoffrey Jackson (por entonces embajador inglés) y Ulysses Pereira Reverbel, presidente de UTE, y Carlos Frick Davies, ambos jerarcas del gobierno de Pacheco Areco.

Tiempo y espacio

¿Te considerás un caminante cámara en mano?
Tengo muchas definiciones, debido a los muchos años que acumulé encima. He cambiado mucho pero no del todo. Pero esa definición me gusta. Con Carlos... (refiere al film) me fasciné mucho y apliqué todo el método de austeridad técnica y productivo. Ése es mi método y lo recomiendo. Ahora hay mucha dispersión entre los jóvenes -yo doy clases- y eso es lo que se puede llamar zapping intelectual. Yo también estoy en eso, por desgracia. Pero en aquel tiempo lo importante era saber abandonar y renunciar. Renuncié ha mucho., había que olvidarse de todos los detalles funcionarales, burocráticos, y utilizar lo que uno tiene. ¿Y qué es lo que uno tiene? El cuerpo y la mente. Tome una cámara. Conseguí película de la Universidad y me dediqué hasta que llegué a un resultado de treinta y un minutos. En aquella época no había duraciones fijadas como hay ahora. Me gustó mucho esa experiencia y fue muy solitaria. Ése individualismo lo proclamo. La gente no me cree cuando hablo a favor del individualismo. La gente cree que es egoísmo y no es lo mismo. Me refiero al desarrollo del individuo. Hay que leer la historia del individualismo y se verá que es necesario.
Otra característica de tu obra es la duración. Generalmente son cortos y mediometrajes.
La manía de hacer siempre largometrajes no la aprecio. Es otro de los consejos que le doy a los alumnos. Obviamente que no de forma impositiva. ¿Por qué hacer una película de sesenta minutos, cuando la podés hacer en cuatro? Mi película más famosa dura seis minutos. Y te puedo nombrar muchos casos de directores en el mundo que se hicieron famosos con cuatro o tres minutos. Lo grande no es necesariamente mejor. Fijate sino en la dimensiones de la Mona Lisa.
¿Cómo ves a las nuevas generaciones de estudiantes de cine? Hay como cierta ansiedad, de querer hace “la gran obra” en la primera experiencia.
Estoy de acuerdo con que se larguen, pero he visto casos increíbles. Ni vos ni el público lo aprobarían. Hay mucha gente que cree que lo que llaman ópera prima es la obra número uno de verdad. Les digo, ¿pero no existe experiencia, pruebas, practicaste fotografía, escritura? ¿No hiciste algún cortometraje para mostrale a todos tus amigos? Hay todo un proceso que hay que atravesar. En el mundo se llama ópera prima al debut en el largometraje cuando la persona ya ha adquirido una experiencia seria. Sea en formal de escuelas, sea experiencia profesional. Se me ha acercado gente que me ha dicho `tengo una idea para un documental'. Idea documental me podés cuatro ahora vos mismo. No sirve una idea. Lo que sirve es tenerla muy amarrada y pensada. Más que la idea es un tema y la elaboración mental, interna de hacia dónde quiero ir.
¿Y en tu caso qué va primero: el tema o una imagen?
Mi mente no es tan imaginativa como creen. Aparecen imágenes obsesivas, pero también frases obsesivas. Hay un método al que se le llama el arte que se inspira en el arte. Por ejemplo, miro películas. Veo una escena que me pega, después un libro de fotografía, eso va creando la composición. A mis alumnos le digo, antes de salir a filmar ojeate un libro de pinturas de William Klein, uno de fotografía de Cartier Bresson, inspiráte en la parte compositiva. Aparte nació de conversaciones que yo tenía con mi amiga Graciela Berro, en aquella época jueza de menores. Fue a partir
de una anécdota que ella me contó que surgió la idea.
¿Te acordás de la anécdota?
Claro, ocurría que venían menores de cantegriles que no sabían ni leer o firmar el acta, mientas que posiblemente sus padres o abuelas sí sabían leerla. Yo colaboré en la película Cantegriles de Alberto Miller en el 56, viví el primer cantegrill que hubo. Conocía aquel y pensé que algo estaba cambiando. Ahí pensé: o hay una involución social o una abandono genérico social de la familia. La diferencia entre escribir y no escribir es fundamental, sobre todo en este país que se precia del alfabetismo. Eso me inspiró muchísimo. Aparte es eso: mostrar la marginación cultural el jóvenes.


Punto y aparte

Aparte marcó tu regreso al Uruguay, con éxito de público y de crítica, premios internacionales, pero también críticas, inclusive desde la izquierda.
Me propuse volver al método de personajes y yo solo con la cámara como en Carlos... Y con el respeto absoluto a que el sonido fuera exactamente sincrónico, lo que correspondía a la imagen y sin agregar nada. Eso fue muy duro técnicamente. Y aumenté el rigor ético, en el sentido de que nunca cree una situación. No forcé situaciones. Les dije a todos que no quería filmar delitos, pero ellos querían. Y así se generaron problemas.
Tal vez porque en quienes te criticaron primó el concepto burgués. No se entendió que también existían y existen otros códigos de convivencia.
La burguesía es una clase creativa, no puedo hacer nada contra eso (se ríe). Hubo consecuencias de todo tipo. A Glenda Rondán se le ocurrió hacer una investigación en el Legislativo, de pura demagoga. Ni siquiera había visto la película, con la irresponsabilidad habitual de Glenda Rondán. Los cortes en el brazo impresionaron. El presidente del Iname de esa época declaró que había seis o siete cortes en el año. Resulta que en mi escena había doce tipos todos cortados. Después renunció o lo renunciaron, al igual que su secuaz técnico Sergio Migliorata. Eso ocurre en todos los centros de reclusión del mundo. Ellos fueron unos mentirosos. Yo no quería filmar los cortes. Me acusaron de pagar por los cortes, cuando fueron los muchachos los que me obligaron a hacerlo. En cuanto a las críticas de la izquierda, las recibí con mucho dolor. Esto es fácil de interpretar dentro de la izquierda. Hay gente que quiere poder intelectual.
¿Y qué te interesa del cine actual?
Soy muy ecléctico. Voy a las salas, pero no tanto como antes. En el cable encontré una evolución bien importante de lo que llaman despreciativamente `realitys' y si investigás, los yankis tienen realitys de alto valor. Claro, hay otros que son una mierda, como Gran Hermano.
En tu filmografía sólo hay una película de ficción: Mestizo, filmada en Venezuela. ¿A qué se debe la elección del documental como vehículo permanente en tu obra?
Vocación que tengo. Miro películas, veo el rectángulo del enfoque y enseguida digo `ahí a la derecha hay dos sonidistas'. No puedo dejar de imaginarme. Entonces una escena súper íntima rodeada de cuarenta personas no me gusta. Hay que reconstruir -ambiente, iluminación, vestimenta- toda una realidad. Ya eso no me gusta. Me gusta captar a los personajes, enamorarme de ellos



Friday, November 30, 2012

Nuevo y polémico libro de Santiago Roncagliolo


Con el escritor Santiago Roncagliolo


García Lorca y Enrique Amorim, un amor oculto


El autor de Abril rojo estuvo en Montevideo para presentar El amante uruguayo. Una historia real, en torno a la relación homosexual entre el escritor uruguayo Enrique Amorim y García Lorca, y la posibilidad de que los restos del granadino estén sepultados en Salto. (Publicado en Caras y Caretas, de Montevideo, Uruguay)




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-Es un libro infame. Roncagliolo sólo hace hincapié en la condición homosexual de Amorim.
-Lo muestra (a Amorim) como un trepador. Como un tipo que se rodeaba de escritores y artistas famosos, para pertenecer a ciertos círculos de la intelectualidad. Y lo deja malparado, como una mariquita.
Esta dos frases, entre otras, fueron escuchadas por quien escribe a otros colegas en torno a El amante uruguayo. Una historia real, de Santiago Roncagliolo, editado por Alfaguara en Uruguay -también circula en el medio una edición de Editorial Alcalá- que narra la relación de amor entre Enrique Amorim y García Lorca.
Le siguieron además otras críticas, ya no orales, sino impresas, como la de Alfredo Alzugarat en El Cultural de El País, bajo el título “La memoria traicionada”. A lo largo de tres páginas, Alzugarat deja en claro todo su descontento con Roncagliolo, mofándose cada dos o tres párrafos de “una historia real”, tal es el subtítulo del libro, a la que considera falsa.
¿Qué es lo falso? La hipótesis de que los restos de García Lorca se encuentren en un osario en Salto es solo eso: una hipótesis. Se afirma que Roncagliolo (que además siempre habla de indicios, no de pruebas) lo usó como gancho -el cerebro de la “operación” fue el editor español- para transformarlo en un bestseller. ¿Y cuál sería el problema? De estar vivo Amorim sería el primero en agradecérselo. Él mismo intentó en varias oportunidades -sobre todo en los últimos años de su vida- darle publicidad al hecho. Es el mismo Amorim que se hizo pasar por Jean Paul Sartre en una reunión ante Charles Chaplin. El mismo que dijo que Pablo Neruda estaba escondido en su casa “Las Nubes”, en Salto. Amorim buscó toda su vida estar en el calendero. Fue camaleónico y mitómano. Un grupie de los escritores. Todos sus actos públicos fueron para ganarle al olvido, para conquistar la posterioridad, a sabiendas, acaso, que era un escritor mediocre. (El paisano Aguilar y La carreta, apenas llegan a “aceptable”).
¿Qué es lo falso? La afirmación de que mantuvo una relación amorosa con García Lorca es cierta. La correspondencia del salteño así lo demuestran. Y que el libro no está bien documentado es otro de los argumentos falaces esgrimidos por Alzugarat.
Resulta paradójico pues la pacatería y ortodoxia de ciertos hombres de la cultura vernácula. El artículo de marras tiene cierto tufillo a una melànge entre nacionalismo provinciano y chauvinismo. Solo faltó escribir que no era de orden que un “peruanito” se metiera en la vida de un escritor uruguayo y sacara a relucir su vida privada, o un aspecto de ella.


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En la foto, en riguroso blanco y negro, se observa una parte del monolito que Enrique Amorim levantara en homenaje a García Lorca. Detrás hay un vallado y mucha gente. También un cerco policial, lo que le confiere a la imagen un tinte `de funeral con honores de Estado'.
¿Ves el que está en primera fila mirando esa extraña caja rectangular blanca? Es Amorim. Mirá con qué atención la observa. Tiene el tamaño y la forma de un osario”, me dice un entusiasmado Santiago Roncagliolo. El monumento, el primero en todo el mundo en su homenaje, lleva inscripto el final de `El crimen fue en Granada', el poema que le dedicó Antonio Machado. El monolito fue obra de su amigo y amante, Enrique Amorim, hombre adinerado, escritor, mecenas y todo un precursor del marqueting editorial.
La instantánea fue sacada en Salto, en 1953, diecisiete años después del asesinato del autor de `Yerma' pero, tecnología mediante, el autor la lleva consigo en su celular. La pantalla táctil se apaga y volvemos al presente. Estamos en el hotel Splendid, donde funcionó el mítico Cervantes, el mismo que inspiró “El mago inmortal” de Bioy Casares y donde Cortázar escribió “La puerta condenada”.
En unas horas, Roncagliolo (Lima, 1975) presentará El amante uruguayo. Una historia real en Montevideo (tan pacata como la de Amorim, donde también se lo acusará de “mentir” sobre la condición sexual de Amorim, como si esto fuera el núcleo del asunto). La historia tiene un halo de misterio que sirvió de disparador (así lo olfateó el editor español) para que el autor aceptara tamaña empresa. Es que ese día de 1953, Amorim dejó entrever que esa caja blanca contenían los restos del granadino, al que había conocido en el 34, cuando lo conoció en la Montevideo. García Lorca estaba en Buenos Aires para el estreno de “Bodas de Sangre” y a instancias de la gran Lola Membrives recaló en Montevideo (en el hotel Carrrasco) para terminar el último acto de “Yerma”. Amorim prácticamente lo secuestró y la pasaron más que bien. De hecho, las únicas filmaciones de García Lorca realizadas fuera de España son autoría de su amante uruguayo. El gran Federico regresó a España y la historia es archi conocida. Fue fusilado por el franquismo y se desconoce en destino de sus restos. Un misterio cuya respuesta, acaso, se encuentre a miles de quilómetros del asesinato y a pocos de Montevideo. La caja, casi sesenta años después, continúa intacta, bajo tierra. Cerca, muy cerca, de los resto de Quiroga. Restos que también fueron traidos por Amorim desde Buenos Aires.


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-Este es un libro por encargo. Soy un sicario, --dice Roncagliolo y se ríe. Le comento entonces el malestar por estos lares. “Siempre me meto en todo tipos de líos, así que una pelea con intelectuales en un país civilizado es como mi mayor progreso. Es lo más amable que me ha pasado. Hasta ahora había tenido amenazas judiciales o de muerte”.
El autor, que estuvo viviendo en Montevideo, investigando en la Biblioteca Nacional, en el Sodre, en Cinemateca, y visitó “Las Nubes”, la casa de Amorim en Salto, hoy convertida en museo, se sintió atraído por la historia de la posible tumba de García Lorca, hasta que Amorim (el personaje) lo sedujo.
Hay muchísimos indicios sobre que los restos pueden estar en Salto. (N. de R: Uno es el misterioso viaje que Amorim hace a Europa con paradero desconocido unos meses antes de inaugurar el recordatorio). Lo que ocurre es que conforme comienzo a investigar descubro que Amorim ha regado con indicios falsos todo el resto de su vida. Entonces empiezo a pensar que es mucho más fascinante este personaje que lo que hay en la caja. Si los restos de García Lorca están ahí, bien, pero si no podría hacer un ridículo mortal. En cambio, podía hacer un libro muy bueno, con una historia espectacular, que va a sobrevivir haya lo que haya adentro. Este libro es parte de la historia del arte del siglo veinte a través de los ojos de Amorim”.
El libro se transforma en una instantánea sobre lo que ocurría en la escena intelectual entre las década de treinta y del sesenta. Desfilan Picasso, Louis Aragon, Borges, Quiroga y Neruda, por citar algunos de los popes. También su adhesión al Partido Comunista, al cual se afilió en el 46, en un acto de masas en el Luna Park de Buenos Aires y con aplauso cerrado. Todos sus actos, como si se tratara de un prestidigitador, lograba promocionarlos, en tiempos que la condición de mediático no se había inventado. Es interesante tener en cuenta que fue discípulo de Horacio Quiroga, el primer escritor uruguayo profesional y luego se hace amigo de García Lorca, otro precursor de lo mediático, en el sentido que su sola presencia concitaba la atención. Y Amorim, siguiendo esos pasos, hizo de su vida la mejor novela que nunca pudo escribir.
Creo que eso fue lo que él planeó. Era tan hábil y sabía que su gran historia era esta. Se formó, desde una perspectiva privilegiada, en Letras Hispanas de este planeta, pero no podía contarla. Implicaba revelar la homosexualidad de algunos, algunas cosillas del Partido Comunista, era meterse en muchos líos. En sus últimos años, antes de morir, dejó toda su vida para que venga alguien más y la cuente. Y va dejando migas como Hansel y Gretel para que sigamos esta historia. Y lo hace con tanto talento como para que cincuenta años después alguien busque un escritor para escribirla. Y yo con tanta suerte que me toca a mí. El monumento a García Lorca es una trampa durísima. Si ahí están los restos, Amorim pasa a la Historia como el tipo que tuvo durante todos estos años su cuerpo. Pero sino está... él nunca dijo que esté! Es genial”.
Hay otra lecturas posibles, tantas como estemos dispuestos a imaginar. ¿Intentó en ese misterioso viaje traer los restos y no lo consiguió? ¿No pudo con su condición e igual armó la mise en scène? ¿Fue víctima de una estafa y adquirió -dinero e influencias tenía y de sobra- restos falsos y murió creyendo que eran los verdaderos?
No hay respuesta. O acaso una: “Es imposible saber qué es lo que él quiere hacernos creer, qué es lo que él cree y qué pasó en realidad. Creo que muchas de las cosas aparecen en el libro no es que quiera que las creamos, es que él las cree verdaderamente. Cuando se encuentra con Picasso y este no le dice nada, y esto es muy significativo, interpreta el silencio de Picasso como una franca invitación a la amistad. O como cuando hay un evento con diez mil personas y él cree que Picasso lo reconoce y lo saluda entre la multitud. Cuando estamos enamorados tenemos la percepción alterada. Creemos que están más pendientes de nosotros de lo que ocurre en la realidad. Amorim estaba enamorado de García Lorca y de los grandes artistas”.


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Roncagliolo bebe una prosaica agua mineral mientras la temperatura se hace sentir en Montevideo. Cuando vino la última vez era invierno, pleno julio dice con precisión, y se afincó en el barrio Palermo. Recuerda el frío y la hospitalidad criolla. Y dando muestras que es un tipo contracorriente habla con gratitud de los empleados públicos uruguayos. “En todos lados donde fui a investigar me trataron muy bien. En la Biblioteca Nacional coincidió que un día había paro y al otro jugaba Uruguay. Al ver mi cara de desesperación, me dijeron, `bueno, si quieren ven fuera del horario y cubre las horas'. Jamás un empleado público de un país me había dicho eso en la vida”.
Lo vuelvo al carril y le pregunto cómo dilucidar el misterio de la caja blanca. Se encoje de hombros como dando por sentado que ya no es trabajo de él. “Le escribí a mi editor y le planteé de ir a Salto y hablar con las autoridades municipales, con alguna Fundación, para buscar la manera de abrir la caja y saber finalmente qué hay en ella. A los tres día, el editor me contestó: `Yo creo que tu no tendrías que poner un pie en Salto'. Pero espero que cuando se les pase la rabieta se den cuenta que tienen una caja muy sospechosa y que no estaría nada mal saber qué hay en ella”.
¿Y sobre aquellos que dicen que abusó en el libro de la condición de homosexual del salteño?. “La evidencias son abrumadoras y a mi no me parece mal que fuera homosexual. Es raro porque quienes critican que escriba sobre eso en realidad es a ellos que le molesta. Son ellos los homófobos, no yo. Pero además no era un tema innecesario. Era fascinante mostrar cómo vivían los homosexuales, cómo se escondían, cómo usaban palabras para hablar de esto, escribían poemas entre ellos que se transformaban en códigos. ES una crónica de cómo vivían su homosexualidad tipos que eran geniales, talentosos, en un medio relativamente liberal. Es parte del peso político del libro. Homosexual no es un insulto, ser homófobo sí. Y los supuestos defensores de Amorim son homófobos. Por eso Amorim y su esposa dejaron todo esto para que viniera alguien a investigar. Sabían que estaban rodeados de intolerantes y reaccionarios. Lo que nunca imaginaron es que sesenta años después iban a seguir rodeados de intolerantes y reaccionarios”.

Thursday, November 19, 2009

La muerte le sienta bien


Libros Edgar Allan Poe (1809-1849)


La muerte le sienta bien


A doscientos años de su nacimiento, el 19 de enero de 1809, se suceden varias reediciones y nuevas biografías, en busca de arrojar luz sobre la vida y los misterios que aún rodean la muerte -ocurrida el 7 de octubre de 1849- del notable escritor norteamericano.


Era de esperar que al conmemorarse dos siglos del nacimiento del autor de El cuervo, varias reediciones, nuevas antologías y biografías varias inundarían las bateas. Dentro de estas últimas se encuentra Una vida truncada, del inglés Peter Ackroyd, editada por Edhasa. Ackord retoma uno de los enigmas más grandes de la literatura: la muerte de Poe. De hecho, nadie sabe qué le sucedió al poeta desde que desembarcó en su ciudad natal, Baltimore, hasta que lo vieron en un a taberna en avanzado etílico. Luego, su cadáver apareció en una cuneta. ¿Delirium tremens? ¿Venganza en épocas de elecciones en Estados Unidos? (Su muerte coincidió con los comicios nacionales). Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que pasó. Tampoco queda en claro por qué Poe decidió ir a Baltimore cuando es sus últimas cartas afirmaba que tomaría otro rumbo y no pisaría esa ciudad. Nadie sabe entonces qué motivos lo llevaron a cambiar de derrotero en los últimos días.

El final del autor de El tonel del amontilado se parece al final de algunos de sus tantos personajes. Podría decirse entonces que su vida es un caso para Auguste Dupin, el personaje que creó y que inspiró, entre otros, al Sherlock Holmes de Conan Doyle, o al Maigret de Simenon. Pero éste no es el único misterio que rodeó la vida y la obra de Poe. Consciente de esto, Ackroyd reconstruye de forma minuciosa la trayectoria de un genio que nació marcado –al igual que H.P. Lovecraft- por una difícil y tormentosa relación con las mujeres y una atracción irresistible hacia algunos temas que marcaron no sólo su obra creativa sino también su modo de enfrentarse a la vida.


Otras reediciones

El otro volumen que se puede encontrar en Montevideo es la reedición de La sombra de Poe, de Matthew Pearl (Seix Barral), que bucea también es sus últimos años. Si bien es una novela, está basada en fechas y hechos reales. Del “combo Poe”, este es el volumen más flojo. Pearl, autor de de El Club Dante, estructura la obra en formato best seller, desperdiciando la oportunidad de adentrarse en la psiquis del gran escritor y haciendo meramente foco en su muerte.

Pero además de las antologías con cuentos memorables -en librerías de viejo se encuentran a un precio por demás accesible- se acaba de editar Cuentos completos, un completísimo volumen de casi mil páginas con la excelente traducción al español de Julio Cortázar que, a juicio de quien escribe, es la mejor a la fecha.

El otro volumen no deja de ser una joyita. Se titula La trilogía Dupin, con prólogo de Pearl reúne las tres historias de Dupin. Hace 168 años —más precisamente en abril de 1841— la revista Grahams´s Magazine, de Filadelfia, publicaba The Murders in the Rue Morgue (Los crímenes de la calle Morgue) relato que tenía como protagonista a Charles Auguste Dupin, un francés de origen ilustre, apremiado económicamente, poseedor de una gran imaginación y, sobre todo, con una mente proclive a la investigación lógica y analítica. Esta narración de Poe se transformaría en el primer relato de detectives de la historia de la literatura e inspiraría, entre otros, a Arthur Conan Doyle para la creación de Sherlock Holmes.

Pasarían dos años para la rentrèe de Dupin. El segundo relato se llama The Mystery of Marie Roêt (El misterio de Marie Roêt) y conocido como La continuación de los crímenes de la calle Morgue. Esta vez, Poe se vale de un hecho verídico: el asesinato de Mary Cecilia Rogers, cuyo cuerpo se encontró en las cercanías de Nueva York. Allí se narra la desaparición de una grisette parisiense, un domingo de mañana, cuando se encaminaba hacia la casa de su tía. Al igual que en Los crímenes..., Dupin se vale de las crónicas de varios diarios -L´Étoile, Le Commerciel y Le Soleil- para aclarar el crimen. Según Matthew Pear, Poe utilizó los artículos de prensa de los diarios neoyorquinos y los extrapoló a diarios parisienses. Pero hay algo que no deja de sorprender. El relato fue publicado en noviembre de 1842, cuando el asesinato ocurrido en Nueva York aún no se había aclarado. Cuando el crimen verdadero se resolvió, las conclusiones de la policía eran casi similares a las del personaje.

La tercera y última aventura de Dupin es The purloined letter (La carta robada), el relato más breve de la saga, y escrito en 1844. El prefecto de la Policía de París irrumpe en un momento de spleen de Dupin y su amigo en busca de ayuda. Se trata del robo de una carta por parte del “ministro D...” que en manos inescrupulosas pondrían en juego el honor de un personaje de las altas esferas políticas de París.

La Policía, literalmente, da vuelta la casa del ladrón, examinando todos los cuartos, muebles, cajones y cada libro de la biblioteca, sin resultado positivo alguno. Dupin escucha atentamente a su interlocutor y tras varias preguntas, le asegura que si le firma un cheque por concepto de sus honorarios le entregará la carta. Ante la sorpresa de su amigo, el detective, sin inmutarse, le explica su método de análisis. Lejos de atribuirlo al azar, el detective sostiene que el método consiste en la identificación del intelecto del razonador con el de su oponente.



Friday, September 12, 2008


Larga vida a las flores del mal

CON DIEGO CAPUSOTTO

Sesos, under y rock and roll


Nelson Díaz, enviado a Buenos Aires, publicado en la revista Caras y Caretas de Uruguay.

La cita está pactada a las 15 horas en Barracas, barrio donde Capusotto vive junto a su esposa y sus dos hijas. El lugar elegido es El Progreso, un antiguo bodegón, típicamente porteño, donde el actor es habitué.
Capusotto llega unos minutos antes de la hora coordinada y pide un café. Viste zapatillas, un jean y un buzo de color claro (me animaría a afirmar que es el mismo pulóver que llevó a la entrega de los Martín Fierro, cuando recibió dos estatuillas: a mejor programa humorístico y a mejor labor humorística masculina). No tiene nada de actor star. Por el contrario, parece un hombre que salió a dar una vuelta por el barrio o a comprar los comestibles que hacen falta para cocinar.
Ícono del under porteño desde finales de los 80, junto a Alfredo Casero y Fabio Alberti llevaron adelante Cha, cha, cha, que se transformaría en programa de culto para sus seguidores. Junto a Alberti crearía otra criatura de culto de la televisión: Todo por dos pesos. Ahora, con Peter y sus videos (canal 7) repite el plato. La galería de personajes imaginados junto a Pedro Saborido, como Juan Carlos Pelotudo, el rock star Pomelo, el accidentado cantante Beto Quantró, el de protesta sesentero Bombita Rodríguez, el de heavy metal Quiste Sebáceo que sisea, o el emo cuya vida es una crisis existencial continua, son algunas de sus creaciones que no descansan en youtube.com. Y que, como era de esperar, no se emiten en Uruguay.
Con ustedes, Diego Capusotto.

–Tus trabajos en televisión mantienen la impronta under. ¿Cómo se logra defender esa independencia en un medio tan masivo?
–Comencé con un curso de teatro convencional en el 86. En esa época empecé a armar con otra gente cosas relacionadas al humor y trabajaba en los espacios que uno mismo iba buscando, en los pocos espacios que había para poder expresarse. Y eran espacios que no estaban ligados al circuito comercial, obviamente. Después de cinco años apareció la televisión con De la cabeza y Cha, cha, cha. Eso empezó en el 92 a partir de una idea de Roberto Chenderelli, que se le ocurrió hacer un programa de humor con gente que venía de esos espacios y que no era conocida en los medios, salvo algunos, como Daniel Araoz o Roberto Pettinato, que ya eran más conocidos. Después se hace toda una bola y aparece Cha, cha, cha.
–Y Todo por dos pesos.
–Exacto, empezamos a tener un trabajo más cercano a los medios pero siempre haciendo cosas vinculadas a ideas propias. Quiero decir, programas donde uno se sienta y los arma, independientemente de que estés en un medio donde hay un productor, donde tenés que negociar y ese tipo de cosas que son siempre molestas pero que en definitiva es parte del negocio. Pero la idea, el concepto del programa, siempre fue de parte nuestra. Siempre con una cabeza de grupo.
–Tu humor y el de la barra a la que referís campea entre el absurdo y el surrealismo. Infiero a Buster Keaton como uno de los referentes.
–(Se ríe) A Buster Keaton lo tengo como un gran referente casi poético. No porque quiera ser como él porque sería un imposible, sino como una figura con la cual uno proyecta un espacio afectivo y poético entre lo que él hace y lo que uno observa de él. Es parte de mi referente como otra gran cantidad de humoristas. Me parece que el humor, de alguna manera, siempre es absurdo. Porque muchas veces es absurdo lo cotidiano. Lo que hago es transformar lo cotidiano y la realidad en otra cosa que uno se inventa. El humor es una manera de desvirtuar la realidad. Y el humor desacraliza, está en contra de los poderes y los dogmas.

TRANSFORMAR LA REALIDAD
–El tuyo es corrosivo, algo que no sucede con otro tipo de humor.
–Claro, hay un humor más básico, donde se sabe de antemano lo que va a pasar. Esto no es una transformación de la realidad. Es como tomar lo más básico y burdo de la realidad. Ése es el humor de guiño entre un tipo y otro haciendo referencia al culo que tiene esa mina, que está puesta como una especie de maniquí para que circule una especie de humor más primario entre tipos. Esa cosa de hacerse el piola. No es un humor que nosotros practiquemos, aunque mucha gente se ría de eso. Estoy de acuerdo con lo que decís: estoy vinculado al humor corrosivo, porque hay una parte del humor que mira la realidad, no le gusta lo que ve y se burla de eso. Y ese burlarse es una manera de tener un sustento ideológico sobre lo que pasa y sobre lo que nos rodea. También es parte de un juego casi infantil de disfrazarse, de refugio, de jugar y de huir de lo trágico.
–Lo lúdico está presente en la creación de tus personajes. Se nota que antes que el público, el que te divertís sos vos. ¿Cómo nacen los personajes?
–En general, a partir de lo que uno ve cotidianamente. Lo que hago es transformar ese personaje y darle otro sentido al que le es habitual en la realidad. En el caso de lo que hacemos con Pedro hay personajes que forman parte del folclore del rock, ciertos íconos y conductas, ciertos personajotes que andan por el rock circulando y que, de alguna manera, uno los parodia. Después también nos nutrimos de situaciones tomadas del folclorismo que uno las exacerba y las coloca en otro lugar. Es como el caso de este cantante al que nosotros le decimos “el uruguayo” porque me salió esa cosa del tipo que habla “vo, vo”... El tipo le pide a Dios que la gente le pida otra y de golpe el público empieza a pedirle otra, y otra y otra... Y pasan los años, la gente continúa pidiéndole otra y el tipo termina envejeciendo y maldiciendo su suerte. De alguna manera, siempre son situaciones referenciales al mundo de la realidad, no a lo real. Lo real puede ser lo que ve por debajo, ¿no? Ésta es una apreciación propia. También esto de la ensoñación, de inventarse un mundo paralelo más feliz donde uno es parte más activa. De lo que pasa con el inconsciente y lo que hacían los surrealistas.
–Antonin Artaud...
–Lo admiro profundamente. Artaud tenía lecturas sobre lo que veía que a veces son similares a las que nosotros podemos tener. Me acuerdo de que en el libro El teatro y el doble él habla de una película de los hermanos Marx y no se queda simplemente en la convención de que es una película de humor y son tres disparatados que hacen reír, sino que hace una lectura de eso que pasa. Y termina siendo una lectura interesante. Es un poco de lo que nosotros venimos hablando. De cómo uno inventa otro mundo paralelo al conoce. Incluso Artaud habla de que el humor es un poco desintegrar lo social. Hay algo anárquico, hay una ruptura en los sentidos, anarquizando las convenciones. En las convenciones entran los buenos modales, la educación, la moral. Cuando se ven esas películas, casi que hay un mundo de ensoñación, porque es ficción lo que estás viendo pero hace un mundo más perfecto. Me pasa cuando veo las películas de los hermanos Marx que pienso que esos personajes me terminan siendo más interesantes en lo ficcional que la realidad. Es un mundo que me gusta más.
–En tus programas se reivindica mucho, a través de los videos, la música de los sesenta y los setenta.
–Claro, pero no tiene que ver con una cuestión inmaculada, tipo “ésa fue la época y todo lo demás no existe”. Fue un período también relacionado a momentos sociales que se vivían en el mundo, que hacían que uno experimentara con sonidos y que la música no estuviese tan conectada a lo comercial, y que los músicos dejaran realmente el alma en esa búsqueda musical. Por eso los discos eran tan distintos y buenos, había tantas bandas... Realmente se componía y había una búsqueda estética, sensible, acompañada de un sustento ideológico que a lo mejor no lo tenés tan claro discursivamente pero sí te acompaña, porque sos un ser sensible y la realidad te rodea. Hoy se ha perdido cierta pasión, hay una especie de aceptación de lo establecido, de lo malo, de la corporación mafiosa...
–Vuelvo a Artaud. Su búsqueda pasaba por la revolución individual antes que la social. ¿Cuánto hay de eso en tu arte?
–Estoy totalmente de acuerdo con lo que decís. Lo que pasa es que también soy sensible a las convulsiones sociales que emocionalmente, y también ideológicamente, te ponen en un lugar. Es decir, no soy un tipo a quien la realidad exceda y que no tome partido por lo que veo que está relacionado a lo político. Tomo partido porque también eso termina teniendo una influencia en el hermano, en el otro. Por eso estoy atento a todos esos movimientos y convulsiones sociales. Todo parte de la esencia humana. Hay que estar atento a lo que pasa afuera. Eso, de alguna manera, dicta una especie de modelo de conducta en la gente. Creo que Artaud sabía que lo dogmático de la política trae siempre malos resultados en definitiva, porque termina siendo la lucha de sectores contra sectores. Él apuntaba a una revolución profunda, porque desde ella probablemente podías prescindir de los voceros políticos. Lo que pasa es que, como suele pasar en la vida, hay pocas cabezas así. Y esas cabezas siempre chocan contra lo establecido.
–Estás en un canal estatal que suele ser, como todos los canales estatales, la cenicienta de la televisión frente a los grandes grupos económicos de emisoras privadas. Sin embargo, tenés una legión de seguidores.
–De alguna manera estamos en un lugar casi romántico. Yo nunca me la creí. Hay un lugar en los medios en el que asumo estar y acepto estar –cosa en que los medios es muy difícil– en la medida en que pueda autogestionarme. Por eso elegimos quedarnos en canal 7 y no irnos al 13, donde nos ofrecen hacer el programa pero siempre desde otro lugar. El 13 nos pone en un lugar de más exposición, también de más plata, de más producción, pero en realidad hay parte de una negociación que hacés en esos canales que yo no tengo ganas de hacer con el programa. Entonces prefiero quedarme en un lugar donde no hay ningún tipo de negociación. El programa, así como es, sale. Entonces como la lucha estúpida del rating no nos toca ni nos pertenece, terminás estando en un lugar privilegiado. Los saludos que nosotros recibimos tienen que ver con gente que ve y realmente le gusta lo que hacemos. Se transforman en nuestros compinches. De alguna manera, uno empieza a sentir que es portavoz de algo. Si yo estuviera en televisión haciendo otra cosa, probablemente los saludos o las referencias que tendría como hombre de los medios serían distintas, ¿entendés? Si me fuera a trabajar a Gran Hermano o a Bailando por un sueño, me saludarían la misma o más cantidad de gente, pero por algo que no es mi proyección. De hecho, nunca lo haría. Estoy en el lugar donde elegí.

Morder el anzuelo

Un extraño proyecto da vida a una historia original y divertida, donde no faltan a la cita jeques, políticos y terroristas. La pesca del salmón en Yemen, primera novela de Paul Torday, está publicada por Salamandra. Año: 2007. Distribuye Océano.Lo reconozco. El título del libro tiene poco “gancho” como para adentrarse en sus páginas. Sorteada esa primera y errónea impresión, la primera novela de Paul Torday seduce desde el inicio.
La historia es bellamente extraña y políticamente incorrecta. Dividida en 31 capítulos, campea el absurdo –al mejor estilo del teatro de Alfred Jarris– y tiene como protagonista al doctor Alfred Jones, empleado del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura. El muy reputado investigador de esta disciplina recibe una extraña misión. Su jefe le pide evaluar un proyecto rocambolesco: introducir el salmón en Yemen.
En Los orígenes del Proyecto Salmón en Yemen, capítulo que abre el libro, el científico recibe varios memorandum, faxes y cartas, que informan al protagonista y al lector de qué va el asunto. La idea es original porque da la sensación que ambos (personaje/ lector) se van adentrando de forma simultánea en la trama.
Jones le comenta a Mary –su mujer– el proyecto, y decide desestimarlo por considerarlo totalmente imposible e inaudito. El problema para él, y deleite para nosotros, es que ignora que detrás de tal dislate se encuentran varios personajes peligrosos. Por ejemplo, el poderoso jeque Mohamed ben Zaidi bani Tihama, cuyo verdadero objetivo es exportar la pesca del salmón a las montañas de Yemen. El otro que conspira desde las sombras es Jay Vent, nada más ni nada menos que el primer ministro de Inglaterra, que ambiciona mejorar la imagen de su país en Medio Oriente.
Descacharrante es el capítulo 10, cuando el periodista televisivo Andrew Marr que conduce el programa El show de la política en el canal BBC1, lo entrevista sobre el asunto, al que define como “descabellado”, y el político le responde que su amigo (el jeque) es un hombre visionario y que se trata de una “idea heroica”.
Para disfrute del lector, Torday intercala desde artículos de prensa sobre el proyecto hasta fragmentos del diario personal del doctor Jones, quien describe desde su noche de bodas hasta sus problemas conyugales. Pero resta otra vuelta de tuerca: los miembros de Al Qaeda en Yemen deciden boicotear el proyecto, lo que lleva al pobre Jones a verse involucrado en una intriga política internacional, entre políticos ambiciosos, jeques dueños del oro negro, terroristas esquizofrénicos y el conflicto bélico en Medio Oriente.
La historia representa el mundo de hoy: clase política devaluada, terroristas en pie de guerra, ambición y violencia sin fin.
La pesca... es una novela dotada de un engranaje contundente, una estructura originalísima y un fino y corrosivo humor. Vale la pena morder el anzuelo.

Thursday, October 26, 2006



“Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”.

Patti Smith

Friday, October 20, 2006

FRAG(MIENTO)

Dime quien no ama
lo que nunca puede tener
cuando todas los cosas
parecen iguales
y en cada ciudad
el séptimo desconocido
sueña un sueño desolado